Edificada en la meseta calcárea que lleva su nombre

Martel, edificada en la meseta calcárea que lleva su nombre, es una de las raras ciudades que no debe su existencia a un castro o a una fundación religiosa. Nació de una convergencia de caminos, un antiguo eje Norte-Sur que cruzaba un eje Oeste-Este donde transitaban la preciada sal del Atlántico y el vino de Aquitania.

Una rica ciudad comercial

Esta situación privilegiada convirtió a Martel en una rica ciudad comercial desde principios del siglo XII. En la misma época, se convirtió en una etapa importante en el camino de peregrinación hacia Rocamadour. Su blasón adornado con tres martillos indica que fue también poblada por numerosos artesanos.

«La ciudad de las siete torres»

Martel conoció un segundo período de gloria en el siglo XIX gracias al comercio de la trufa.

Hoy Martel sigue siendo una ciudad dinámica, dónde comercios y animaciones completan un patrimonio notable. Apreciará deambular, los miércoles y los sábados por la mañana, bajo el magnífico mercado cubierto situado en el corazón del pueblo.
 

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